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Guitarras de Jazz

Collings I-35-LC

mayo 21, 2017

Esta coqueta americana de color cereza, tan discretita ella, rebosa calidad y pedigrí por cada poro de su nitro.

Bill Collings lleva fabricando guitarras desde mediados de los años 60 y, aunque sus guitarras eléctricas forman parte por derecho de “esa selecta minoría”, realmente se consagró como guitarrero fabricando acústicas. Algunos de sus usuarios son famosísimos como Joni Mitchell, Pete Townshend, Patti Smith, Julian Lage, Bill Frisell o Fito el de los Fitipaldis (en serio). Parece que este avispado constructor ha tenido una clientela selecta desde el primer día, pero no ha sido solo cuestión de suerte, como él dice “estaba en el lugar correcto en el momento adecuado”.

Cuando ya tenía la experiencia de haber construido alrededor de dos guitarras acústicas y un banjo, le echó cara y se plantó un día ante Rick Gordon -estrella local en Houston a finales de los 60- presentándose como constructor de guitarras. Gordon preguntó a Bill cuántas guitarras había hecho, “pueees, unas cincuenta. Bueno, sólo cuarenta y nueve, para ser exactos”. No se sabe si Rick Gordon se tragó aquella “mentirijilla” o es que le cayó bien, el caso es que accedió a probar una de sus guitarras y le gustó, así que le encargó una acústica. El trato era que Gordon pagaba los materiales y Collings ponía la mano de obra gratis, y ahí fue cuando realmente empezó todo. Se fue corriendo la voz del encargo que le había hecho Gordon, bastante famoso por aquellos lares, y en unos pocos días Collings tenía varios encargos más. Si os pasáis por la página de Collings Guitars (http://www.collingsguitars.com/) podéis ver en la galería de “Artistas” una fotografía de Rick Gordon posando con la Collings número 3.

Queda demostrado que no solo es “estar en el lugar correcto en el momento apropiado”, hay que echarle morro. Como dice el proverbio africano: “León manso come mierda”.

Desde aquella época en la que trabajaba solo, en la cocina de su casa y con cuatro herramientas, hasta hoy, han cambiado mucho las cosas. Actualmente las guitarras Collings son fabricadas en Austin (Texas) por una plantilla de más de cincuenta trabajadores especializados. La producción anual aproximada de esta fábrica es de 2.500 acústicas, 1.000 eléctricas (entre sólidas, semi y archtop) y más de 500 mandolinas. Viendo estas cifras surge inevitablemente la pregunta, ¿cómo es posible entonces que sean tan caras? Ah vale! Aún no habíamos hablado del precio de esta guitarra. Pues son 5.000 dólares en USA, que no es nada comparado con lo que vale un yate, por ejemplo, pero para un músico normal es un desembolso importante.

Lo cierto es que, a pesar de usar alta tecnología como fresadoras CNC y correctores de trastes Pleck, el trabajo principal se sigue haciendo a mano, exactamente igual que al principio, de lo contrario, como él mismo Collings sostiene, no tendría sentido fabricar tanta guitarra sino se mantiene la excelencia y el mimo por el detalle. Colling mantiene un control estricto sobre todos los instrumentos que salen de su factoría y sigue estando allí, al pie del cañón, supervisando personalmente la fabricación de sus guitarras.

Vamos a ver esta pequeña maravilla.

 

CÓMO ES

La verdad es que esta guitarra, pese a ser bonita a rabiar, no es especialmente llamativa y para ver los pequeños detalles que denotan su clase hay que acercarse. Las distancias cortas le favorecen.

Estéticamente es igual que la Gibson 335, aunque su tamaño está más cerca de la 339, esta Collings mide 15″ de culo, frente a 16″ de la 335 y 14’25” de la 339, y el ancho de caja en los bordes es solamente de 4 cm. Pero tiene unas cuantas diferencias con las Gibson; los acabados de la I35LC son sencillamente perfectos, la mires por donde la mires. Es un trabajo exquisito hecho a conciencia.

El cuerpo es de un fino laminado de 4 mm. de  tres piezas de arce, con una veta normal, no atigrada. Está lacado con una capa finísima de nitrocelulosa y tiene un acabado extra brillante.

Las efes son muy estrechas, con el tamaño justito para poder meter los potenciómetros dentro de la caja.

Todo el cuerpo va bordeado con un binding de ese plástico llamado “ivoroid” que imita el marfil, que le da un tono muy cálido. El ensamble del mástil con el cuerpo (tacón), en la parte trasera, también lleva binding, lo que hace que este bordee todo el perfil de atrás completo, formando un circuito cerrado. He pasado un buen rato buscando la junta de los dos extremos del binding, porque en algún sitio han tenido que pegarlo, pero he sido incapaz de encontrarla, ni rastro de la junta. Seguramente, para un guitarrero experimentado, eso será fácil de conseguir y nada digno de mención, pero a mí me maravilla.

El mástil es de caoba de Honduras, esa preciada madera tan estable, tan ligera y tan escasa. Va unido al cuerpo con un ensamble “extra long tenon” que ocupa todo el hueco de la pastilla. El perfil es en C gordota, tipo Les Paul de los 50 pero más refinado, sin llegar a ser el bate de béisbol que llevaban esas guitarras. Al principio resulta chocante pero al cabo de un rato de estar tocando te olvidas de él, señal inequívoca de que es cómodo.

El diapasón es de palosanto sin bindings y con marcadores en punto, espartano como el solo para ser una guitarra de alta gama. Los trates son pequeños, tipo vintage. El tiro es de 24 7/8″, casi 25″.

La sobriedad del mástil en su conjunto queda compensada por la calidad de las maderas y el espectacular ajuste de cuerdas que trae de serie. Para realizar dicho ajuste han usado una máquina “Plek”, uno de las mejores innovaciones que se ha hecho en mucho tiempo en el mundo de la guitarra. Este maravilloso “robot de limar trastes”, deja los trastes ajustados a la centésima de milímetro, consiguiendo un equilibrado fuera de serie, como el mejor de los lutieres. La acción en esta guitarra es insultantemente baja, 0’65 mm. en la primera cuerda traste 12º y 0’95 mm. en la sexta y sin trasteos. Nunca he tocado una guitarra con las cuerdas tan bajas.

Completando el conjunto del mástil está la pala, bonita y llena de pequeños detalles, pero nada ostentosa. El frontal es una lámina negra, ébano de 2 mm. de grosor, coronada con el logo de Collings incrustado en nácar. La tapa del alma casi no se ve porque es también de ébano, cortada con una original y elegante forma de lagrima. El cabezal tiene un curioso diseño bautizado como “haircut” o “corte de pelo”, en el que el perfil del final de la pala no está cortado a 90 grados si no un poco más abierto, de forma que de frente se puede ver el corte. Es difícil explicarlo, mejor una foto, aunque la perspectiva engañe un poco, vale para hacerse una idea:

las clavijas son unas Gotoh SG-301 con ratio 1:18, palometas de ivoroid veteado y el logo de Collings. Funcionan al milimetro.

Como era de esperar viendo el cuidado que pone esta marca en los detalles, una guitarra de esta calidad no puede ir en un estuche cualquiera, así que le han buscado un envoltorio de lujo. Está hecho a medida por la marca “Ameritage” y al verlo cerrado ya se intuye que dentro hay algo serio. En el interior, forrado con una tela gris claro aterciopelada, hay unos apoyos en la base y tapa que consiguen que la guitarra se quede casi flotando dentro del estuche cerrado.

El asa es de piel acolchada, es un placer llevarla de la mano y al transportarla se siente como un bloque, totalmente compacta.

 

CÓMO SUENA

La I35LC viene equipada de casa con dos humbucker Lollar Imperial low wind, aunque el constructor oferta la alternativa de colocarle Seymour Duncan Antiquity. En esta guitarra, las Lollar low wind originales fueron sustituidas por otras Lollar Imperial, pero de salida media. La cubierta de estas pastillas viene envejecida y parece que está sucia, por mucho que la frotes no hay forma de dejarla limpia.

Las “low wind” y las “Imperial” a secas, tienen salidas diferentes, pero además, mientras que las low lleva imanes de alnico V en las dos pastillas, las Imperial “a secas” lleva alnico II en el mástil y V en el puente, una combinación muy recomendable para blues y jazz. Como el dueño de esta guitarra toca principalmente jazz, prefirió tener una respuesta más oscura en la pastilla del mástil.
Estas son las mismas pastillas que tengo colocadas en mi Heritage 535, así que las conozco bien, sin embargo, en esta guitarra suenan con matices diferentes.

Enchufada directa a un Koch Studiotone tiene un sonido muy cercano al de guitarra sólida pero sin perder ese toque hueco de las de caja. He probado diferentes ecualizaciones y no hay manera de hacerla sonar mal. Después de unos minutos trasteando el ampli he conseguido el sonido que buscaba, ha sido muy fácil. La definición de estas pastillas en este mueble es sobrenatural, se oye cada nota con una claridad extrema. Por poner alguna pega diría que es demasiado pulcra ella, no tiene ese sonido pastoso y un poco sucio que tienen algunas Gibson, pero es que estamos tratando con un animal diferente.

En esta guitarra, la pastilla del mástil da un sonido rico y redondo, con unos agudos cristalinos. Le he cerrado el tono a algo menos de la mitad para conseguir un sonido jazzy matando el brillo de los agudos y sin problemas, como guitarra de jazz da el pego sacando un sonido muy válido.
La pastilla del puente puede llegar a ser mordaz. Al saturar un poco el ampli ha dado muestras de tener genio, pero ha resultado ser muy manejable. Tocándola con un overdrive Okko Diablo, a mitad de ganancia y volumen de habitación ya producía ese acople de armónicos agradable y fácil de controlar.

Pese a su simplicidad, dos pastillas con sus volúmenes y tonos, hay que dedicar un tiempo a pillarle el punto -a la guitarra y al amplificador, claro- para conseguir los sonidos que queremos, pero la guitarra se presta, es muy capaz de satisfacernos, solo hay que saber qué tienes que pedirle.

No la he probado en un contexto de grupo, pero me da que esta es de las que se hacen oír en la mezcla o el barullo general.

 

CONCLUSIONES

Esta guitarra está orientada al público que busca una tipo 335 algo más “eléctrica” y de calidad superior, comparte la versatilidad con este modelo y puede llegar a ser un poquito más agresiva si le apretamos. Si la 335 está a medio camino entre una archtop y una sólida, mi impresión es que esta está a medio camino entre una 335 y una sólida. Se desenvuelve con soltura en todos los estilos desde el jazz al hard-rock, pasando por el blues con sobresaliente. Tiene sonido propio y hay que destacar la alta definición e independencia de sus voces.

Se la recomendaría a profesionales principalmente y, por supuesto, a todo aquel guitarrista que tenga 5.000 euros (cuesta algo más traerla a España) y no sepa qué hacer con ellos.

 

RESUMEN DE DATOS TÉCNICOS

  • Caja: 15″. Tapa, aros y fondo de arce laminado. Bloque central de arce.
  • Ancho: 4 cm. en los aros
  • Mástil: Caoba de Honduras.
  • Diapasón: Palosanto.
  • Escala: 24 7/8″
  • Radio: 12″
  • Clavijas: Gotoh SG301, ratio 1:18.
  • Trastes: 22 medium. 18% níquel-plata.
  • Pastillas: 2 Humbucker Lollar Imperial.
  • Controles: 2 Volumen y 2 tono.
  • Puente: Kluson ABR1.
  • Peso: 3’4 Kg.

 

VÍDEO

Grabado con micros SENNHEISER MD441 y e906. Tarjeta de sonido Audient ID22.
Sonido sin procesar, la reverb está grabada en directo con un pedal Hardwire RV7.
Es aconsejable escucharlo con auriculares, si no tienes unos buenos altavoces en tu PC.

 

 

GRACIAS A…

Isaac Martín, por volver a confiarme desinteresadamente otra maravilla durante una temporada, para goce y deleite de nuestros sentidos. A ver si en breve tenemos la dicha de contar con otra de tus estupendas archtops. Gracias Isaac!

 

FOTILLOS

 

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Y esto es todo por hoy.

Últimamente he recibido varios correos de seguidores de este blog en los que casi se me quejaban de que las guitarras que analizo habitualmente son demasiado caras y no están al alcance de cualquier bolsillo. Dicho de otra manera, me han pedido que pruebe guitarras más asequibles para que las revisiones aquí publicadas les sirvan cuando quieran comprar una archtop, cosa que me parece muy bien.

Tengo por aquí unas cuantas guitarras de gama media y de construcción reciente, esperando su turno para la review, pero da la casualidad de que cuando voy a ocuparme de una de ellas, siempre se me cruza algún bombón por el camino y se me van los ojos detrás y al final la liamos. Son ocasiones que no hay que dejar pasar, bajo ningún concepto.

No preocuparos, que tarde o temprano sacaré otras más asequibles, pero mientras se me sigan apareciendo por el camino estas bellezas… no me pidáis que controle.

 

Salud y bolos.

 

P.D.- Unas palabras para mi mujer: Estoy hablando de guitarras, cariño.

 

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